Coche y ¿libertad?

Valencia y área metropolitana.

¿Es verdad que el coche te da libertad? ¿Es posible que condicione nuestras decisiones sin que seamos conscientes? ¿Necesitamos la hipermovilidad que nos ofrece el coche? ¿Somos más felices consumiendo más kilómetros? ¿Vivimos más y mejores experiencias? Este artículo recoge una anécdota ocurrida en mi círculo de amigos y unas reflexiones posteriores. True Story™.

Hace algún tiempo mis amigos organizaron una torrada. Se barajaban dos lugares: Santo Espíritu (Gilet) a 33 km de Valencia y una zona recreativa por Manises (10 km). También se sugirió quedar a comer en el jardín del Turia, pero esta idea no tuvo mucho éxito a pesar de que todo el grupo hubiera podido acudir andando en menos de 20 minutos.

Pronto la opción de Santo Espíritu quedó descartada y se decidió hacerlo en Manises. Empezó el habitual baile organizativo de coches.  “Yo puedo cogerlo, pero salgo del trabajo a las dos”. “Yo lo llevo. ¿Alguien me acompaña a comprar antes?”. ¿Os suena?

Al final, me descolgué del plan porque hubiera tenido que ir con demasiadas prisas después del trabajo para llegar tarde y encima comer algo que no me va mucho.

La barbacoa, la barbacoa, como me gusta, la bbq...
La barbacoa, la barbacoa, como me gusta, la bbq…

Rechacé los ofrecimientos para que me llevaran en coche porque soy un radical. Prefiero no realizar desplazamientos innecesarios que tengan impacto en el medio ambiente. Además ir en bici me da la libertad absoluta de volverme cuando me da la gana.

radical
Del lat. tardío radicālis, y este der. del lat. radix, -īcis ‘raíz’.
1. adj. Perteneciente o relativo a la raíz.
2. adj. Fundamental o esencial.

¿Cómo terminó la torrada? Resultó que aquel día hizo mucho viento y en el área recreativa se impuso la prohibición de encender fuego. Tras pensarlo un poco, mis amigos terminaron yendo a casa de uno a hacer la torrada en la barbacoa que tiene en su terraza.

Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.
La terraza de la imagen no se corresponde con la de mi amigo.

Ponerse hasta el culo de comida y bebida es el acto social por antonomasia y, a la luz de cómo se organizan las comilonas en las fiestas populares, se puede hacer de muchas formas y en cualquier parte. Mis amigos, al cerrar el abanico a un tipo de comida y orbitar en torno al coche (cochecentrismo), terminaron por dejar de lado posibilidades tanto o igual de interesantes: picnic en el Jardín del Turia o en cualquier parque, comida y baño en la playa, ocupación de una plaza, encuentro en casa de alguien…

Desde aquella vez que se me abrieron los ojos he observado cómo la introducción de la variable coche a la hora de consensuar planes con los amigos condiciona totalmente el resultado, abriendo y cerrando distintos caminos. Cierra, sobre todo, las posibilidades de descubrir y disfrutar del entorno más cercano. Limita nuestra creatividad para elaborar planes novedosos y diferentes. Influye en la manera en que acudimos a la cita, genera dependencia entre el conductor y los ocupantes y restringe la flexibilidad de horarios. También contamina y contribuye al fin de la civilización. Recalculating the climate math – New Republic.

La aparente libertad que ofrece el coche conlleva una pérdida de foco. Se deja de ver lo que se tiene cerca y de valorarlo y tendemos a ir más lejos. ¿En busca de qué? No por ir más lejos vamos a disfrutar más.

Es frecuente conocer bien poblaciones bastante alejadas y no haber estado nunca en núcleos que tenemos a menos de 15 km. En Valencia, por ejemplo, dentro de ese radio tenemos el Tremolar, Pinedo, Sedaví, Massanassa, Catarroja, Paiporta, Picanya, Torrent, Alaquás, Aldaya, Xirivella, Mislata, Quart de Poblet, Manises, Paterna, Burjassot, Godella, Rocafort, Borbotó, Carpesa, Tabernes Blanques, Alboraya, Roca Cúper… ¿En cuántos habéis estado? Personalmente, prefiero ir con la bicicleta a comer un arroz al Palmar a montarme en un coche para comer una mariscada en Denia (105 km).

El coche ofrece hipermovilidad. Se supone que la movilidad es un valor positivo y según los economistas de la ideología dominante debe crecer ininterrumpidamente hasta que todo se vaya a la mierda. Porque moverse mucho es positivo para los fanáticos de la religión del hiperconsumo. Pasarnos la vida de un lado para otro y así no tener tiempo de pensar y reflexionar le viene muy bien al capitalismo. ¡Consuman, aquí no hay nada que ver!

La teoría decía que con la mejora de las infraestructuras y el aumento de velocidad de los medios de transportes íbamos a ganar tiempo. La realidad es que gastamos el mismo tiempo o más y nos vamos más lejos. Una cagada. Energía y ciclismo urbano – Alertaciclista.

Debemos extender la crítica a la hipermovilidad a nuestras escapadas y vacaciones. Nos vamos a Pirineos o a Picos de Europa a maravillarnos con la naturaleza y bastante más cerca tenemos la Serranía de Cuenca, siendo Cuenca el municipio con más superficie forestal de España. Pillamos vuelos de fin de semana a 20€ a Londres, Berlín o París. Nos cargamos el planeta, pero subimos selfies to guapos a las redes sociales.

Tenemos una tendencia enfermiza a buscar en la distancia lo que tenemos delante de nuestras narices. ¿Es verdad que el coche nos da libertad? Puede ser. ¿Pero cuántas cosas nos quita? ¿El acceso al coche condiciona nuestras decisiones sin que seamos conscientes? ¿Necesitamos la hipermovilidad que nos ofrece? ¿Somos más felices consumiendo más kilómetros?

Si el plan es irse a tomar por saco con el coche y chuparnos más de 2 horas de viaje, yo me quedo en casa con mi bici.

Dulces sueños garantizados.
Dulces sueños garantizados.
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